EL ENCUENTRO ENTRE LA MODA Y EL ARTE EN LA OBRA DE JOHAN SAMBONI

Cuando descubrí la obra de Johan Samboní, sentí esa emoción que suele apoderarse de mí cuando el arte y el vestuario se cruzan. Fue un flechazo inmediato con su obra y, para fortuna mía, días después, tuve la oportunidad de conocerlo y conversar con él. Entonces, esa sensación alrededor de su obra se convirtió en certeza: Johan es un creador que explora su entorno con una sensibilidad particular, atento a los gestos, los objetos y los signos que moldean la vida cotidiana; en ese amplio radar, la moda, el vestuario y la cultura popular están implícitos. Su mirada nace del barrio, del cuerpo, de la ciudad, de Internet y de esos cruces entre lo análogo y lo digital donde él encuentra material para crear en diferentes formatos, mientras reflexiona sobre quiénes somos. Mira aquí el podcast que inspiró este artículo:

Su trabajo está profundamente atravesado por el vestuario. No solo como objeto, sino como marcador social y como lenguaje. Justamente, una de las obras donde ese cruce aparece con más fuerza es Wiphala, una pieza construida a partir de camisetas deportivas piratas —algunas propias, otras de amigos, familiares o encontradas en pulgueros— que le permiten reconstruir un símbolo indígena a partir de prendas urbanas.

Wiphala es una obra que estuvo expuesta en la Bienal de Arte de Antioquia.

Para Johan, esas camisetas cuentan una historia intensa: la de las jerarquías sociales que se revelan en la cultura material, de hecho, durante nuestra conversación, recordó lo perverso que resulta que un niño con ropa deportiva sea estigmatizado o señalado como peligroso, por su vestuario, cuando en realidad se trata de una selección de prendas baratas, cómodas y accesibles, usadas por quienes pasan buena parte de su vida en la calle haciendo actividades deportivas. “Yo recuerdo la sensación de parecer peligroso para alguien —me dijo—, y no por mis actos, sino por lo que llevaba puesto. Por ese estigma del ‘pelado del barrio’”.

En Wiphala esas prendas se vuelven una declaración y Johan encuentra en ellas la posibilidad de hablar sobre identidad y pertenencia a través de una aguda metáfora.  No en vano, una frase que acompaña la reflexión del artista es: “mi identidad no es uniforme.” Una afirmación que contrasta con las narrativas que pretenden homogeneizar, borrar o simplificar las identidades indígenas en la ciudad. La instalación, compuesta por camisetas deportivas piratas —esas que se descosen fácilmente, que raspan la piel o que pierden rápidamente sus estampados— se convierten en un mosaico que mezcla memorias, aspiraciones, resistencias y pertenencias importadas. Una forma de reconstruir, desde el presente, una memoria que persiste.

Unos tenis de culto intervenidos con la ayuda de su papá, es otra de las obras en las que Johan usa prendas del vestuario urbano como parte de su narrativa de reflexión y crítica.

Ese diálogo entre lo aspiracional, lo pirata y lo identitario, también aparece en otras obras de Johan, una de ellas es su intervención a los tenis Nike Uptempo; en este caso el artista cambió una letra, alteró el diseño y transformó el icónico “AIR” en “IRA”. Este gesto, que retoma la lógica de la piratería —esas pequeñas modificaciones que permiten “esquivar” la marca sin dejar de evocarla— es una forma de pensar la frustración que aparece en un sistema aspiracional lleno de contradicciones. Esta es una obra que mezcla técnica, humor y crítica; para la cual contó con la ayuda de su papá, un experimentado zapatero, quien le ayudó en esta intervención con las letras.

Un autorretrato en el que coindicen alusiones a lo tradicional y lo popular, cuyo hilo conductor es el poder y el lujo que representa el color «dorado».

Otra obra que menciona esta tensión entre identidad, apariencia y deseo es Mascarilla Ritual, una fotografía donde Johan aparece con una máscara dorada de skincare y accesorios igualmente dorados. La imagen está inspirada en las piezas tradicionales del Museo del Oro —esas máscaras ceremoniales que representan poder—; en este caso, Johan retoma esta idea, pero desde elementos cotidianos, cosméticos y populares. El resultado es un autorretrato que une lo ritual y lo pop; lo indígena y lo contemporáneo; la tradición y la estética del lujo “accesible”. Sin duda, un sarcasmo muy bien elaborado, que nuevamente trae a la conversación diferentes alusiones al vestuario.

Ver el trabajo de Johan y, mejor aún, hablar con él, es percibir cómo convierte su experiencia personal; su barrio, su cuerpo, su memoria, su historia familiar, en preguntas que nos tocan a todos: cómo nos vemos, cómo nos leen, cómo nos vestimos, qué identidades cargamos, qué símbolos heredamos, qué estereotipos comunicamos y cuáles decidimos transformar. Su obra es, al final, una lectura aguda sobre el mundo urbano, las tensiones sociales que nos atraviesan y, por supuesto, aquí tienen su dosis de protagonismo el vestuario y la moda.

Para mí, Johan Samboní es un artista con una capacidad de observación y de sincretismo que conectan, casi de forma instintiva, códigos populares y modernos. Ese cruce —tan suyo— tiene un poder encantador, es decir, Johan sabe “hechizar”, parafraseando el título de una de sus obras y, siguiendo en la línea de la metáfora que él tanto ama.  Desde ese universo análogo/digital, que ha construido a partir de ironías contadas finamente en un tono suave pero contundente, muy parecido a su manera de estar en el mundo, los invito a acercarse a su obra, a dejarse atrapar por sus símbolos y entrar en ese territorio donde lo cotidiano, lo ritual y la moda encuentran nuevas formas de decir quiénes somos.

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