EL PODER DE TRES PASARELAS: RELIGARE, LA PETITE MORT Y ALADO

Cuando una marca llega a la parrilla principal de Colombiamoda, no solo se enfrenta al reto de diseñar y materializar una colección impecable, también debe asumir ese espacio como un todo.  Un escenario donde se pone a prueba la capacidad para contar una historia con contundencia y coherencia.  Es sobre la pasarela donde todo queda expuesto: factura, identidad de marca, capacidad estilística y la habilidad para narrar salida, tras salida, una historia capaz de comunicar sin palabras, a través de la fuerza del vestuario, un mensaje, una sensación o un estado de ánimo.  En otras palabras,  el creativo debe echar mano, no solo de su talento para diseñar prendas, sino además, de llevarlas a una puesta en escena concebida para ellas, un conjunto de elementos que se suman a la historia como la luz, la música, la decoración y la actitud de los modelos.  Un verdadero conjunto de factores que pesan e integran un balance, cuyo éxito está dado por la sinergia entre la esencia de la marca y la ejecución perfecta de la historia sobre la pasarela.

Si bien, este año La Feria se destacó por buen nivel en general en las pasarelas, hubo tres en especial, que en mi caso, lograron tocar esa fibra que te conmueve, involucra y emociona. Esa sensación que te mantiene atento hasta el final, al mejor estilo de un cuento bien escrito, cuyo desenlace es decisivo.

Estas son mis tres favoritas de Colombiamoda 2019:

RELIGARE

Recuerdo que a Manuela Peña, la creativa detrás de Religare, la conocí hace un poco más de dos años.  De inmediato, me conecté con su trabajo y, por supuesto, con la intención que encierra su marca.  Prendas de patronaje elaborado e ingenioso, cuyo resultado son siluetas de apariencia minimalista, holgadas, ligeras; piezas que encierran sensualidad y poder a través del conocimiento del cuerpo, una especie de juego en el que se cubre y descubre a la mujer con sutileza y fuerza.

Latido es el nombre de la colección que Manuela presentó en Colombiamoda 2019, en el marco del espacio Non Stop.  De principio a fin, estuvo claro que la diseñadora nos sumergió en una puesta en escena intimista, mística y emocional.  Las prendas nos ofrecieron una visión en general minimalista, cuya ejecución evidenció un arduo y elaborado trabajo que tuvo como base a un sinnúmero de fibras naturales, las cuales materializó en cortes novedosos; así mismo en mallas, algunas de ellas ornamentadas con chaquiras; tops y chalecos en cumare; lazos y nudos, cuyos amarres emulaban las arterías de un corazón. La colección nos ofrece una variada gama de diseños, cuya fortaleza está en la identidad y la mano de obra de esencia artesanal.  Diseños versátiles y un verdadero statement de moda y estilo de vida, forma de pensar y conexión con lo esencial.

La puesta en escena de esta pasarela fue impecable: música, estilismo, orden de salida de las modelos y elementos escenográficos; que verdaderamente, nos llevaron al ritmo del latido de un corazón.  Uno en el que convergen la información ancestral, en este caso de la comunidad Inga del resguardo Condagua y el sello de una propuesta clara de lenguaje moderno.  Un latido que emocionó y perduró.

LA PETITE MORT  

Jonathan Cortez y Andrés Durán, son la dupla creativa de La Petite Mort.  Firma dirigida al universo masculino y, que paulatinamente, ha escalado espacios en La Feria: del Cubo al Non Stop.  La Petite Mort ha entendido el gran vacío que existe en el mercado masculino de vestuario y les ha brindado a los hombres una opción depurada, que reúne información sartorial con un alto componente artesanal, este último representado en diversas técnicas de tejido manual.  Una propuesta configurada bajo la lógica de un sello, que si bien incorpora elementos clásicos y tradicionales, genera looks y piezas, que van más allá de lo moderno para acercarse con fineza a la vanguardia.

Agua Salada, nombre de la colección que la marca presentó en La Feria, es quizás, la historia más arriesgada que hasta momento La Petite Mort ha dado a conocer.  Sin duda, los looks de prendas sobre prendas y la fabulosa unión entre texturas clásicas con textiles, especialmente creados para la colección en técnicas como croché, telar y dos agujas en distintos calibres, dieron como resultado un contraste inolvidable.  Una colección que si bien, estaba dirigida al universo masculino, le dio paso a ocho looks que lucieron chicas.  Una interesante apuesta, que habla de prendas sin género, neutras, versátiles y poderosas.

Los invito a apreciar la diversidad de siluetas, una verdadera muestra de patronaje elaborado: blazers que parecen kimonos, pantalones de aberturas laterales, volúmenes localizados, trajes con acentos y una suerte de volantes, suéteres amplios, blusones amorfos, amarres, abrigos desestructurados y una increíble mezcla de colores eléctricos con tonos oscuros y tierra.

Una colección que sobre la pasarela contó con una banda sonora hecha especialmente para ellos por el grupo Agatha I; sonidos electrónicos y un tanto densos, que marcaron el ritmo de un oleaje perfecto.

ALADO

El cierre de Colombiamoda 2019 no pudo ser más atinado, pues en contraste con la apertura, dedicada a la firma colombiana más relevante a nivel internacional en la actualidad; el final de La Feria, se enfocó en el enorme impacto que la investigación y la conceptualización de historias de moda, puede tener.  En ese sentido, la firma Alado ha sobresalido en la escena de la moda nacional con colecciones marcadas por una enorme sensibilidad artística y la incorporación de información ancestral.  Alejandro González y Andrés Restrepo, creativos de la firma, nunca le han temido a ser diferentes y plantear un lenguaje congruente con una estética que refleja su formación como artistas y diseñadores, pero además, sus premisas de sostenibilidad, que procuran mantener en todos sus procesos.

Terracota, palabra que significa “tierra cocida” es el nombre de la colección que Alado presentó en La Feria.  Una historia que sobre la pasarela describió la transformación del barro en una pieza de alfarería.  Cinco momentos que le rindieron un homenaje a esta labor, diseños que se movieron con gran habilidad, entre tintes conceptuales y el diseño de autor.  Prendas que aludieron al barro mojado por el agua, el barro quemado, la pieza empolvada y el objeto decorado.  Diseños, en su mayoría vestidos, que exhibieron la identidad de Alado, esa que conjuga la feminidad, el romance y lo bohemio con una marcada carga de ornamentación, que en esta oportunidad contó con piezas de cerámica realizadas por los ceramistas Mariana Giraldo y Alberto Llanos; sumado a los accesorios y complementos de la firma. Así las cosas, el universo de Alado desplegó looks que incluían narigueras, collares, arneses, aretes, guantes, bolsos y zapatos; pero además, un estilismo nada sencillo de ejecutar: trenzas, recogidos y texturas de halo tribal, le dieron vida a mujeres salidas del barro y pulidas por manos expertas.

La puesta en escena, tuvo como voz de fondo a Mercedes Sosa, el icono de la música latinoamericana y su tema Barro Tal Vez.  Las modelos caminaron entre grandes jarrones y, una a una, fueron el testimonio de un momento inspirado en el contacto de las manos con el barro.  La pasarela llegó a su fin y al unísono, los asistentes aplaudieron y se emocionaron.  Ese fue quizás un instante mágico: el público se había vinculado y había entendido una historia, que nació meses atrás. La materialización de una investigación hecha moda y mensaje. Una pasarela que se permitió cierto nivel de teatralidad, drama y concepto.

CRÉDITOS:

Fotografía: Juan Silva

@juansi_

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